¿Qué tal queridos lectores? Ha pasado mucho, mucho tiempo desde que publicamos nuestra última entrada en este espacio dedicado, como todos sabéis, a la difusión de ese apasionante universo que constituye el Imperio romano de Oriente, más conocido por todos como Bizantino. Ha sido un año muy largo, quizás excesivamente, a la par que intenso y principalmente centrado en nuestro trabajo doctoral, el cual nos ha obligado prácticamente en exclusiva a concentrar nuestras energías y atenciones. A pesar de ello nunca nos hemos olvidado de nuestro pequeño rincón, y en más de una ocasión nos hemos preguntado, más que cuándo, cómo o cuál podría ser un regreso apropiado. Estuvimos tentados a realizar una breve crónica sobre nuestra experiencia en la antigua Singidunum (Belgrado), un centro de poder vital en diversas etapas del dominio imperial ejercido sobre amplias áreas de la península de los Balcanes, el pasado agosto del 2016 en el marco del XXIII Congreso Internacional de Estudios Bizantinos, si bien otras prioridades se cruzaron en nuestro camino. Ahora, aprovechando el marco de una conferencia muy especial que tuvo lugar el pasado viernes 24 de febrero con motivo de la asamblea anual de la Sociedad Española de Bizantinística -para quienes no sepáis quienes somos os dejo el enlace a nuestra página web:http://bizantinistica.blogspot.com.es/-, hemos decidido adquirir el impulso definitivo y regresar definitivamente a la actividad, ¿nos acompañáis en nuestra vuelta?

1) Los protagonistas

En este nuestro país, España, en que a nivel social las Humanidades están tan severamente desprestigiadas tanto por la sociedad en general como por los propios poderes fácticos, quienes en más de una ocasión y abiertamente han mostrado su intención de borrarlas del mapa, todavía existen héroes que día a día, con su trabajo y trayectoria, creen, luchan y se sacrifican para intentar que tengan un papel muchísimo más relevante entre nosotros, que es su verdadero lugar. Hombres y mujeres íntegros en la defensa de su vocación, que en su momento fueron pioneros y lucharon por sus ideales hasta abrir un tortuoso camino que, con mayor o menor fortuna, las generaciones que les hemos sucedido hemos tratado y tratamos de seguir. Y sí, aunque en la península seamos muy de homenajes póstumos y escasos reconocimientos, normalmente con una perversa predilección hacia personajes de dudosa reputación, es necesario reivindicar y reconocer a nuestros «mayores» como modelos en los que mirarnos, además de reconocerles y agradecerles su labor, esfuerzo y dedicación a una de nuestras pasiones: los estudios del mundo bizantino.

Tales son los casos, entiendo, de tres de nuestros socios más insignes: Javier Arce Martínez, Pedro Bádenas de la Peña y Ramón Teja Casuso. Nombres que más allá del ambiente académico no dicen mucho, en apariencia tres ilustres desconocidos. Pero nada más lejos de la realidad. Formados en el alma mater de la Universidad de Salamanca durante la década de los sesenta del siglo pasado, sin duda arduos tiempos igualmente para las disciplinas humanísticas en España, estos tres otrora estudiantes de clásicas han sido pioneros en la implantación y desarrollo, junto a otros, de los estudios sobre la Antigüedad primero, Antigüedad Tardía posteriormente y, en épocas más recientes, impulsores de la Bizantinística.

El primero de ellos, Javier Arce Martínez, actualmente «jubilado» al igual que sus dos colegas pero en absoluto retirado de la profesión, historiador, arqueólogo y, en palabras suyas, «entusiasta del mundo bizantino», es autor de numerosas publicaciones científicas relacionadas con muy diversos y amplios temas respecto a la transformación que experimenta en Occidente romano durante la denominada Antigüedad Tardía -ss. IV-VII-, tales como el ceremonial y ritual funerario de los emperadores romanos, los efectos que provocan la sucesiva llegada de los denominados pueblos germánicos o la presencia visigoda en Hispania. En definitiva, todo un pionero a la hora de dotar de entidad a los estudios arqueológicos tardoantiguos en España aprovechando su filiación al Instituto Arqueológico Alemán a pesar de haber desarrollado su magisterio desde el año 2004 en la Universidad Charles de Gaulle-Lille3, en el norte de Francia.

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Javier Arce Martínez, a la derecha de la imagen, impartiendo una conferencia en Valladolid en 2013. Imagen tomada de: http://www.diputaciondevalladolid.es

   El segundo, Pedro Bádenas de la Peña, confiere la nota más discordante a la par que creativa al citado triunvirato. Sin duda una de las personas claves a la hora de entender el progresivo crecimiento experimentado por los estudios bizantinos en España en las últimas décadas, gracias entre otras a sus obras científicas de carácter divulgativo sobre este apasionante horizonte histórico. Sin embargo, su alma de filólogo ha proporcionado al lector amante de la poesía clásica exquisitas traducciones, entre otras, de las Fábulas de Esopo, los Epinicios de Píndaro o el Prometeo Encadenado de Esquilo; si bien uno de los mayores reconocimientos obtenidos, el Premio Nacional de Traducción en 1994, fue gracias a su trabajo sobre el relato medieval de Barlaam y Josafat, un campo el de la literatura bizantina y neogriega sobre el que ha trabajado profusa y prolíficamente, especialmente en verso.

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Pedro Bádenas de la Peña, en una imagen de archivo. Tomada de: http://4.bp.blogspot.com

   Por último, y no por ello menos importante, llega el turno de reseñar brevemente la vita et operae de Ramón Teja Casuso, catedrático de Historia Antigua hasta hace escasas fechas de la Universidad de Cantabria, doctor honoris causa por la Universidad de Bolonia y presidente honorario de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones; ahí es nada y solo es un pequeño esbozo. Desde que redactase su tesis sobre los Padres capadocios entre finales de la década de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, que fue la primera en leerse en España sobre una cuestión histórica que no estaba relacionada directamente con la península ibérica -la segunda corrió a cargo del anteriormente mencionado Javier Arce y «su» emperador Juliano, mal llamado apóstata-, ha desarrollado una ingente producción científica histórica centrada en los siglos centrales de la Antigüedad Tardía -ss. IV-V- focalizada en múltiples cuestiones, si bien en la mayoría de ocasiones con una íntima conexión con el fenómeno de la religión en general y del cristianismo en particular.

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Ramón Teja Casuso, impartiendo uno de los seminarios del Centro Expositivo Rom en Aguilar de Campoo -Palencia-, en 2015. Imagen tomada de: http://i.promecal.es

2) La crónica

   Hacia las seis y media de la tarde abrió fuego el que hasta el pasado curso había ocupado el cargo de Tesorero -o sakellarios haciendo uso de la nomenclatura «bizantina»- dentro de nuestra Sociedad, Pedro Bádenas de la Peña. Su exposición inicial se centró en recorrer los avatares, para muchos de la bautizada como «tercera generación» de bizantinistas españoles desconocidos, en torno a la gestación del embrión de lo que a partir de 2008 se constituiría como Sociedad Española de Bizantinística. Un camino de casi veinte años que comenzó el 10-11 de mayo de 1981, coincidiendo con el aniversario de la fundación de la capital de la Roma oriental, Constantinopla -acaecida el 10 de mayo del año 330, durante el reinado del emperador Constantino I-, en el marco de las I Jornadas de Estudios Bizantinos que desde entonces, y hasta 1988, tendrían un carácter anual. A partir de dicha fecha y hasta la actualidad, habiendo sido estas últimas -las XVII ya-celebradas el pasado mes de octubre en Málaga, tienen lugar cada dos años. Asimismo, este trayecto iniciado en la década de los ochenta ha puesto de manifiesto, en opinión de Bádenas, una amplia variedad, transversalidad y dispersión temática y cronológica de las tres generaciones de bizantinistas que, hasta el momento, han tomado sucesivamente la antorcha; rasgos, por otra parte, plenamente característicos del universo bizantino. Finalmente, se puso igualmente de manifiesto la visibilidad de la herencia romano-oriental en diversos aspectos actuales de las sociedades greco-eslavas de la Europa del Este, tales como el ceremonial religioso del mundo ortodoxo o el civil que preside muchos de los actos del Presidente de Rusia, Vladimir V. Putin.

Prosiguió en el turno de palabra Javier Arce Martínez, quien comenzó su exposición puntualizando los estrechos lazos existentes entre la Roma «tradicional», cuyo aniversario fundacional es el 1 de abril, y la anteriormente citada Constantinopla, la cual cumple años el 10-11 de mayo. Asimismo, realizó un breve recorrido por el panorama internacional y nacional de la bizantinística durante las últimas décadas, destacando la trascendental influencia anglosajona dentro de la misma, un rasgo que a día de hoy perdura a pesar de la fuerza de otras escuelas, tales como la francesa o la alemana. En su opinión, durante los años ochenta fueron clave las obras del otrora matrimonio Cameron, Alan y Averil, con sus trabajos sobre las facciones circenses y autores como Procopio o Agatías -ambos del siglo VI- respectivamente. En dicho marco, y por lo que respecta a nuestro país, destacó las trayectorias y labor de su «colega» de mesa y predecesor en la palabra, Pedro Bádenas de la Peña, a quien definió como un «apasionado del mundo helénico», y a la que hasta ese mismo día y desde la constitución de nuestra Sociedad en 2008 como dijimos había sido nuestra Presidenta, la filóloga clásica Inmaculada Pérez Martín; cuya estancia en Roma durante la década de los noventa, en opinión del ponente, fue clave para su trayectoria posterior. Como arqueólogo de profesión, Javier Arce no dejó de puntualizar la vital importancia que dicha disciplina tiene para el progreso inmediato de los estudios bizantinos tanto en España como en el resto del mundo, un ámbito para el que se requieren profesionales y que, desgraciadamente, ni se promociona ni se estimula como debiese por parte del ámbito académico y mucho menos desde el institucional. Por último declaró la fascinación que siente por Constantinopla, una característica que hace extensiva a la mayor parte de bizantinistas, siendo un rasgo que considera necesario transmitir y proyectar en las nuevas generaciones para garantizar tanto el presente como el futuro de la bizantinística.

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Inmaculada Pérez Martín, impartiendo una conferencia. Imagen tomada de: http://www.academia.edu

   Continuó en el uso de la palabra el tercer y último invitado, Ramón Teja Casuso, cuyo criterio fundamental fue poner en perspectiva los importantes logros que, en su opinión, se habían ido progresivamente consiguiendo en el seno del ámbito académico nacional no solo por lo que respecta al avance de los estudios bizantinos en particular, sino también en relación a los de la Antigüedad en general, que en la década de los setenta eran casi impensables puesto que la Universidad española era un «auténtico páramo» al respecto. Gracias a la formación en clásicas, actualmente desaparecida prácticamente de los planes de estudios y que en fechas recientes algunas facultades han tratado, con mayor o menor éxito, de reimplantar, una necesidad básica de cara a futuro en su opinión, a comienzos de los setenta fueron apareciendo una serie de «llaneros solitarios» de la Antigüedad que, gracias a su espíritu pionero, fueron introduciendo y consolidando dichos estudios dentro del ámbito académico nacional y permitiendo la creación de puestos y currícula específicos dentro de la enseñanza superior. Dentro de este proceso, los alumnos que salieron de la Universidad de Salamanca durante esos años jugaron un papel trascendental, siendo el propio Ramón Teja y Javier Arce, tal y como dijimos, los dos primeros doctores cuyas tesis abordaban temas de Historia Antigua que no estaban relacionados directamente con la península ibérica. Una de las claves para ello, además, fueron las estancias en el extranjero de las cuales pudieron disfrutar los precursores de dichos estudios en España, rasgo que el propio ponente considera fundamental a la hora de formarse profesionalmente.

Tras disfrutar cada uno de los oradores de su respectivo turno de palabra, el diálogo se volvió más fluido e interactivo, dando lugar a una serie de breves exposiciones en las que procedieron a matizar o ampliar algunos de los aspectos previamente tratados por cada uno de ellos. Así, Javier Arce volvió a hacer uso del parlamento para incidir en la necesidad de crear, dentro del panorama universitario español, un espacio propio para los estudios bizantinos; un aspecto con el que, a pesar de estar de acuerdo todos los presentes, tal y como él mismo señalo plantea importantes dificultades, sobre todo desde la perspectiva institucional.

Pedro Bádenas y Ramón Teja coincidieron en la opinión de que se habían conseguido cosas importantes en nuestro país durante las últimas décadas, especialmente teniendo en cuenta el lamentable panorama desde el que se partió no hace tantos años. El primero destacó, como publicaciones periódicas de referencia dentro del campo de los estudios bizantinos y neo-griegos, las revistas Erytheia -http://interclassica.um.es/index.php/in-ternclassica/investigacion/hemeroteca/e/erytheia-, perteneciente a la Sociedad Cultural Hispano Helénica -http://www.hispanohelenica.org/-, o la más reciente Estudios Bizantinos -http://www.publicacions.ub.edu/revistes/estudiosBizantinos03/default.asp?idioma=es-, uno de los proyectos más importantes en los que se ha embarcado la Sociedad Española de Bizantinística, cuyo núcleo fue el Comité Español de Estudios Bizantinos constituido en Vitoria-Gasteiz en 1988 y que, a pesar del presunto apoyo institucional que debía recibir, nunca más se supo; un aspecto sobre cuyos entresijos y dificultades cada uno de los ponentes nos ilustró con anécdotas variopintas.

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Los ponentes Pedro Bádenas de la Peña -centro- y Ramón Teja Casuso -derecha- escuchan atentamente la intervención de Javier Arce Martínez -izquierda- en un momento de la charla. Foto propia

3) Reflexiones finales

Antes de echar el telón a eso de las ocho de la tarde y proceder a disfrutar de un ambiente más distendido bebida en mano, amén de coincidir en la necesidad de formar a los bizantinistas en el exterior para que sean capaces de coger la antorcha con garantías durante las décadas que han de venir, cada uno de los ponentes procedió a realizar su alocución reflexiva final. Siguiendo el orden previamente establecido, Pedro Bádenas de la Peña destacó la importancia de la vocación dentro de las diversas disciplinas que componen los estudios bizantinos en España, un aspecto que se debe preservar a la par que intentar lavar la «escasa a la par que, en muchas ocasiones, patética» imagen que predomina en nuestro país sobre el mundo romano-oriental, visible por ejemplo en las definiciones de términos como bizantinismo propuesta por la RAE.

Javier Arce incidió en lo «gastados» que están muchos de los temas que actualmente se abordan desde una perspectiva investigadora dentro del mundo romano, muchos de los cuales llevan décadas e incluso siglos volviéndose sobre ellos, a diferencia de lo que ocurre dentro del mundo bizantino, en el cual se hallan una gran cantidad y variedad de aspectos que aguardan a sus investigadores. Dentro de la pasión que caracteriza a los que nos dedicamos a ello, Arce destacó la potencialidad de lo que él considera nuevos horizontes, a par que la necesidad de abrirlos y hacerlos extensivos no solo al ámbito académico, sino a la sociedad en general.

Finalmente, Ramón Teja destacó la estrecha relación existente entre Roma y Bizancio, inseparables una de la otra y especialmente visibles durante los primeros siglos de existencia de la segunda, un período frecuentemente denominado como Antigüedad Tardía y que es básico para comprender muchos de los fenómenos que se van desencadenando en Constantinopla durante los siglos posteriores.

Así pues, creemos que merece la pena compartir con todos vosotros las principales reflexiones que auténticas autoridades en la materia tuvieron la deferencia de compartir con nosotros durante aproximadamente hora y media, gesto que desde aquí agradecemos y a los que dedicamos esta humilde contribución que pone bien a las claras la problemática precedente, los retos presentes y las claves futuras que deben caracterizar, siempre y cuando nos dejen, a los estudios bizantinos en este nuestro país. ¡Esperemos que lo disfrutéis tanto como lo hicimos nosotros!

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